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EL PELIGRO DE ENAMORARSE
Fr. Steven Scherrer, MM, ThD
Homilía del lunes, 5ª semana de Cuaresma, 11 de abril , 2011
Dan. 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62, Sal. 22, Juan 8, 1-11


"Los dos ancianos la veían a diario cuando entraba a pasear y llegaron a desearla apasionadamente. Perdieron la cabeza y desviaron su atención, olvidándose de Dios y de sus sentencias justas" (Dan. 13, 8-9 BJ).


Esta es la historia de Susana y los dos ancianos que se enamoraban de ella y trataron de forzarla a acostarse con ellos. Cuando ella rehusó, ellos la acusaron de haberse acostado con un joven y la condenaron a la muerte, pero Daniel la salvó al hacer interrogatorios más profundos, y por fin la asamblea condenó a los dos ancianos a la muerte y libró a Susana.


Vemos en esta historia el peligro de dejarse enamorar de la belleza de una mujer. El matrimonio es santo, pero enamorarse de una mujer casada, o de cualquier mujer si tú no eres libre a casarse, es el camino de la muerte. Estos dos ancianos se destruyeron a sí mismos de esta manera. "No te dejes seducir por al belleza de una mujer, no te pasiones por una mujer" (Eclo. 25, 21 BJ). "No te dejes fascinar por la belleza de nadie, no te sientes entre mujeres" (Eclo. 42, 12 BJ). Guárdate "de la blandura de la lengua de la mujer extraña. No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos" (Prov. 6, 24-25). Nunca debemos sentirnos seguros frente a este peligro de enamorarnos de la belleza ajena. Es jugar con fuego. "¿Tomará el hombre fuego en su seno sin que sus vestidos ardan? ¿Andará el hombre sobre brasas sin que sus pies se quemen?" (Prov. 6, 27-28). Esto es una red que cautiva e hiere el corazón. "¡Cualquier herida, menos la del corazón! ¡Cualquier maldad, menos la de mujer!" (Eclo. 25, 13 BJ). Para guardarte de este peligro, de esta red, "no te fijes demasiado en la doncella ... Aparta los ojos de una mujer hermosa, no te fijes en belleza ajena. Muchos se perdieron por la belleza de la mujer, a su lado el amor se inflama como el fuego. Jamás te sientes junto a una mujer casada, ni bebas vino con ella en la mesa, no sea que tu corazón se enamore de ella, y tu pasión te lleve a la ruina" (Eclo. 9, 8-9 BJ). Esto aplica a cualquier mujer si tú no eres libre a casarse. Es por esta razón que los monjes estrictos nunca comen con mujeres, porque no quieren encender ni cultivar este fuego en sus corazones. Quieren tener un corazón indiviso, reservado sólo para el Señor, no dividido por el amor de una mujer. San Jerónimo dice sobre la santa matrona romana Paula, que vivía una vida monástica en Belén, "Desde el tiempo que su esposo murió hasta que ella misma durmió, nunca se sentó a comida con un hombre, aun si ella supiera que él estuvo de pie en la cumbre del episcopado" (Carta 108.15). Su ejemplo es típico de los monjes de ambos sexos, y es seguido hasta hoy. Uno puede recobrarse de pensamientos impuros en unos minutos, pero requiere mucho tiempo -meses- para recobrarse de la división de corazón causada por un enamoramiento con una mujer.

 

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